(Sub)títulos
El primer acercamiento del late millennial con el cine es, por simplificarlo, curioso. El acceso del que menos recursos económicos tenía eran los canales de televisión abierta. El más acaudalado tenía acceso a rentar películas en VHS y posteriormente DVD en algún Blockbuster. No obstante, la televisión fue la fuente primordial de películas para nosotros, una generación perdida en el tiempo, y como tal ha moldeado de diversas maneras nuestra forma de consumir los productos fílmicos que el mundo tiene para nosotros. Honestamente, apreciable lector, no recuerdo haber visto Hombres de Negro subtitulada, por lo que la voz real de Will Smith en Soy Leyenda fue una extraña sorpresa para mí, acostumbrado a escucharlo gracioso y dicharachero (en el mismo tenor, confieso que la nueva voz “seria” de Smith no me gusta, pero eso en realidad no tiene importancia). Otra cuestión: la primera vez que vi la saga de Scary Movie sin censura entendí muchos plotholes* que las versiones mutiladas transmitidas por el canal 7 nunca lograron explicar del todo.
Hace poco, por primera vez en mi vida, vi El Quinto Elemento de Luc Besson subtitulada. Fue una experiencia completamente diferente, con un Corven mucho más convincente, una Lilu más profunda y un Ruby Rhod sustancialmente más equilibrado. Simplemente una de mis películas favoritas, la obra toma una dimensión distinta cuando lo que dicen los actores de verdad es lo que dicen. Con esto no busco demeritar la industria del doblaje mexicana, pero sí considero que el trabajo para no intervenir de manera notoria en la forma de comunicación de una cinta debería ser todavía más extensivo, para obtener mejores resultados. ¿Ha visto Qué pasó ayer doblada al español? Tal vez con eso entienda un poco mejor a qué me refiero.
El punto medular de este asunto, es que la forma en la que consumimos los productos de la industria del cine en este país se ha visto grandemente influida por la forma en la que se nos proveyó en tiempos pasados. La televisión nos acostumbró a un código moral cerrado, a una estructura conservadora y a doblajes regulares para lograr captar la atención de mucha gente que no vería una película que está subtitulada. Y no estoy diciendo que esto esté mal, pero tampoco es la mejor opción. En una caricatura o películas infantiles en las que los niños todavía no pueden llevar el ritmo de los subtítulos es totalmente justificada la existencia de un doblaje y hay ejemplos sobresalientes de esto, como las primeras temporadas de Hora de Aventura y algunos otros más. Pero… ¿ver Gravity doblada? ¿Han tenido la mala experiencia de ver Inception doblada al español? De eso estoy hablando.
La irrupción de nuevas plataformas para producir y difundir contenidos audiovisuales nos ha dado un nuevo panorama: el de elegir cómo queremos consumir nuestros productos fílmicos o televisivos. ¿Qué elige la gran mayoría de la gente? Ver estos productos doblados al español, por “comodidad”. Comprendo, pero leer los subtítulos de un filme tampoco se compara con estar leyendo el Ulyses de James Joyce, respetable lector. Alguna vez tuve el desencanto de escuchar a alguien diciendo que no quería entrar a ver una película subtitulada porque “no leía de noche”. Y el pretexto me parece superfluo. Es incluso más respetable asumir que le causa una pereza increíble el leer líneas sencillas por dos horas a echarle la culpa a la rotación de la tierra. Hay valor en la honestidad, claro.
Sin embargo, muchas obras maravillosas se ven manchadas con doblajes que no están a la altura o que modifican en gran parte la estructura de los diálogos para hacer coincidir los movimientos de la boca con los textos traducidos. Esto tiene su razón de ser, pero la realidad es que una película se comprende mejor si tenemos un entendimiento directo de lo que el guionista nos quiere transmitir, y no hay mejor medio para esto que ver una película subtitulada, o en su idioma original (ojo aquí, Cosas de mamadores).
Comprendo que la interpretación de esta realidad puede parecerle, por decir lo menos, pretenciosa, honorable lector, pero considero que en la apreciación de un arte se debe buscar siempre ir un poco más lejos, siempre que los medios lo permiten. Usted no está para saberlo porque probablemente no le interesa, pero soy aficionado de la música y, a pesar de mi limitado acceso a viniles, trato de escuchar música en formatos sin compresión y utilizar audífonos de alta fidelidad en lo que Prometeo Cinema nos lleva a la cima y puedo comprarme un buen tocadiscos Audiotechnica. Por ahí va la cosa: El creador pone de su parte para que el consumidor obtenga una obra de magnífica calidad, mientras el consumidor debería poner un poco de esfuerzo en apreciar la obra con la mayor calidad que se pueda. Con esto también lo invito a no comprar películas piratas en el tianguis, esas siempre se ven mal. Mejor baje unos torrents de calidad bluray y, si está en sus posibilidades, vaya al cine o apoye al autor comprando sus contenidos legalmente.
Mientras tanto, es prudente comentar que esto es una cuestión totalmente de gustos. Cada quién decide qué y cómo ver las cosas que le agradan, lo cual es normal. Pero le aseguro, querido lector, que Breaking Bad subtitulada es una cosa, y doblada es casi como ver Metástasis. No hay tanta diferencia si no nos ponemos los lentes.
En Prometeo Cinema estamos buscando su apoyo para financiar un nuevo proyecto, y les ofrecemos un pequeño rendimiento por su significativa ayuda. Si quiere contribuir a que lancemos un corto hermoso y lleguemos al estrellato, mándenos un mensaje directo en alguna de nuestras redes. Estaremos gustosos de responderlo y de recibir sus dineros. Y, claramente, de devolvérselos con creces en unos cuantos meses. Tenemos hasta el 15 de noviembre.
*Los plotholes o agujeros argumentales son eso que aparece en repetidas ocasiones en cada una de las partes de Jojo’s Bizarre Adventure porque Araki forgot o lo que hizo que Huell se quedara para siempre en la casa de seguridad a la que Hank lo llevó en Breaking Bad. Una película llena de estos es El Hoyo, la cual reseñamos en el canal. Vean la reseña, no la película.
Autor: Oscar Castañeda
Fotografía: Said Tapia





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