RULETA DE RELATOS || GANARSE EL VALHALA
Actualizado: 9 mar 2021
Nos sentábamos a platicar en las escaleras de los salones siempre después de cada presentación, dependía el tipo de evento, trabajábamos en un mariachi y cuando no salía nada nosotros teníamos eventos como imitadores de Javier Solís, o Pedro Infante, o Jorge Negrete, honestamente nadie lo tomaba en cuenta, nosotros solo llegábamos en traje de charro. La gente nos ponía el nombre que más les apeteciera en ese momento para que nos sacáramos fotos con la tía o la abuelita o la quinceañera. Llevábamos ya casi dos años haciendo esto, iba funcionando relativamente bien, Soto había dejado la escuela cuando decidió que quería ser músico, pero no uno de academia, después de unos altercados con un profesor mano larga, dijo que se cagaba en la academia, nunca volvió, pero su sueño nunca desapareció. Yo todavía acabé arquitectura, pero hasta la fecha la tesis es un tema pendiente. Vagamos un tiempo hasta que las cosas fueron tomando forma, al final entendimos una de las verdades más absolutas del mundo: Al final no importa la profesión, lo que importa es que hay que comer. Y de ahí nos tragamos nuestros egos intelectuales, nuestra apreciación avanzada de jazz y rock progresivo. Salió la oportunidad de cantar en un mariachi y al final hay que comer.
Soto y yo nos conocimos en la prepa, el traía un parche de una de mis bandas favoritas, se lo dije y de ahí una incontrolable verborrea de música salió, en ese momento nos sentíamos bien parias porque pensábamos que la música comercial era horrible, había un gusto en encontrar proyectos de países remotos que no tuvieran más de 1000 seguidores. Hubo descubrimientos interesantes. Hicimos una banda experimental creyendo que eso nos abriría las puertas del Valhala. Era curioso porque queríamos hacer música no comercial, que nos hiciera estúpidamente notorios. Así no funciona, morro. Después de varios conciertos a los que máximo llegaban 7 personas y de bajar nuestro ego a un nivel funcional, empezamos a aprender música de forma más formal. Soto entró al conservatorio, yo a “arqui”, porque mi mamá quería que tuviera un futuro, o lo más parecido a ello. Como sea seguimos haciendo música, hasta que un día Soto llegó muy emocionado, me había marcado un par de horas antes, no podía siquiera generar una oración de forma correcta, todas las palabras se tropezaban intentando decirme algo, hasta que me dijo que ya venía para mi casa. Cuando llegó ni siquiera entró, en cuanto abrí la puerta vomitó el mensaje; un compositor Noruego había ido a su escuela a dar una ponencia, después de la charla Soto se le acercó con un demo que tenía en su celular que habíamos grabado tiempo atrás, quería pedirle una opinión al respecto, porque había quedado prensado de las palabras y de la forma en la que ese compositor hablaba de la música, se sentía reflejado y ciertamente quería crear de la misma forma. Después de una escucha rápida el gran compositor le dijo que tenía un material interesante ahí, y contra todo pronóstico, sacó una tarjeta de su abrigo y le dijo que si un día le interesaba grabar de forma profesional, se sintiera con toda la confianza de llamarle.
Soto estaba hasta sudando, parecía que había corrido parte del trayecto, y de contar la historia apenas y había respirado, finalmente me miró y dijo: Tenemos que ir a Noruega.
Ese fue el plan, Soto tenía fe en que si llevábamos el proyecto a que lo produjera este gran compositor nos ayudaría a encontrar una voz fuerte y que llegaría a todos lados. Los ojos de Soto reflejaban un incendio, nunca lo había visto más seguro de nada, eso me hizo sentir igual de confiado y acepté, ese sería el plan. Solo necesitábamos juntar lo suficiente para el pasaje, la estancia y la renta del estudio, aprovecharíamos para componer cosas y llevar maquetas, con suerte algo de eso se quedaría en la grabación final, podríamos componer un material digno para entrar al Valhala. Así lo decía el. Y todo iba relativamente bien hasta que llegó la primer mala temporada. El primer incidente fue el abuelo de Soto, vivía en un pueblo de Guanajuato, se puso grave y quería ver a sus hijos antes de irse; a pesar de la distancia y las peleas el papá de Soto decidió ir pero consideraba que no era necesario que toda la familia fuera, se despediría con la intensión de limar asperezas y regresaría a casa. Partió un miércoles en la tarde, en la madrugada del jueves recibieron una llamada, al parecer un reten en la carretera había impedido que el camión llegara a la terminal. El papá de Soto estaba desaparecido, solo encontraron el camión en llamas. Está de más decir que fue un bodrio. A pesar de la pinta de melómano culto que se quería dar, Soto disfrutaba de escuchar corridos, era la música que escuchaba con su papá, en un cassette que Soto le había ayudado a hacer, tenían los mejores éxitos para trabajar en la casa o pasar el domingo. Yo también le agarré el gusto a los corridos gracias a Soto, me explicaba de la estructura melódica que tenían y de los matices y texturas. Con los años y con lo que fue aprendiendo, entendió más cosas que lo ayudaban a disfrutarlas más. Cuando su papá desapareció, recuerdo que Soto escuchaba ese cassette en una vieja grabadora casi todos los días.
Después vino el incidente con el profesor. Una supuesta vaca sagrada del conservatorio tenía la costumbre de organizar una fiesta bohemia en su casa a final del semestre. Entrada la madrugada, los llamo a él y a otra chica a su estudio que tenia en casa, les invitó otros tragos y le dijo que deberían liberarse de las ataduras carnales, que se había dado cuenta que ellos tenían como química, deberían dejarla salir, poco poco los quiso forzar a besarse entre ellos, y luego el quiso acercarse, ellos se negaron y cuando se volvió más insistente lo empujaron, solo eso me contó, me habló que fuera por el, yo llegué en el carro de mi papá, Soto estaba fumando muy desesperado, ella estaba también bastante alterada. Fuimos a cenar en silencio. Al día siguiente me dijo que se cagaba en la academia, que no los necesitaba.
Tiempo después salió la oportunidad de entrar a un mariachi, el tío del dueño de la ferretería en la que estaba trabajando Soto tenía un conjunto de salsa y un mariachi, tocaban en eventos sociales. Le dijo que les hacía falta vocalista y un trompetista. En todos estos años aprendimos a tocar varios instrumentos, uno de esos fue justo la trompeta. Entonces no se dijo más, fuimos a lo que se podría considerar una audición, que realmente era un ensayo con caguamas a los lados de la habitación, nos dieron el repertorio y nos quedamos a terminar el ensayo, y las caguamas.
Era un buen trabajo, casi cada fin de semana había evento, a veces entre semana, había temporadas donde teníamos hasta tres o cuatro fiestas el mismo día, de una forma ya nos sentíamos en un tour. Yendo de un lado a otro persiguiendo los aplausos y la chuleta. Nos ayudo a aterrizar nuestro mundo y también nuestras expectativas, aunque el sueño seguía siendo el mismo, ahorrar lo suficiente para ir a Noruega, grabar el disco y ganarnos el Valhala guiados por el emisario de Odín. Con lo que ganábamos, hicimos un pequeño estudio en mi azotea, al principio hicimos muchas maquetas, solíamos tener muchísimas ideas y cada una intentábamos trabajarla y grabarla, para que Odinson no nos pudiera poner ningún pretexto.
De pronto un día bajamos de grabar y mis papás estaban en casa, era más temprano que su hora de llegada, tenían un semblante preocupado pero hicieron el esfuerzo de saludar con una sonrisa a Soto. En cuanto se fue me contaron que habían hecho un recorte de personal en la empresa. Los dos habían sido despedidos y sobre nosotros cayó una fuerte incertidumbre, de pronto tenían que ver como sacarnos adelante a mi hermana menor y a mi, que a pesar de que estaba terminando la escuela y me mantenía con lo que ganaba en el mariachi, no era suficiente para pagar todas las cosas de la casa. Recuerdo con cariño el día que se lo conté a Soto, después de un momento en silencio de mirar por la ventana y darle un sorbo a su cigarro, vio el equipo y me dijo que no me preocupara. Vendimos todo, había sido una inversión importante en ese tiempo, pero pudimos recuperarlo casi íntegro, me dijo que estaba bien, que Noruega no se iría a ningún lado. Con ese fondo sobrevivimos unos meses incluyendo lo que yo había ahorrado, hasta que finalmente mis papás pudieron conseguir otro trabajo. Yo estaba en ceros y le dije a Soto que no había problema, el ya tenía algo con lo que podría irse, le dije que se llevara todos los demos. Me dijo que estaba pendejo, y se rio. Que si no íbamos los dos no iba a funcionar. En la tele estaba pasando “Dos tipos de cuidado”. Entonces le dije que ya sabía cómo íbamos a recuperar el dinero.
Para ese momento ya había acabado la escuela y tenía más tiempo, así que empecé a invertirlo en conseguirnos eventos como imitadores. Nos pudimos comprar dos trajes de charro, no como los que teníamos medio que daban pena, sino unos buenos. Valía la pena la inversión, nos dejamos el bigote para hacerlo más creíble y poco a poco conseguimos más eventos, un día tuvimos ocho presentaciones, terminamos muertos y afónicos, pero el show funcionaba, era un número parecido a las coplas y después nos seguíamos con un repertorio de música popular, llevábamos la música en pista para no tener que invertir en otros músicos y la ventaja de ser independientes es que podíamos ganar más por un evento que cuando íbamos con el mariachi. Terminando las presentaciones, cuando teníamos algo de tiempo o ya habíamos acabado, nos sentábamos afuera de los salones a platicar del sueño, a decir cómo sería cuando grabáramos con Odinson. Soto se emocionaba muchísimo porque siempre llegaba con que se le había ocurrido otra línea de bajo, o un ritmo para una sección de una de las maquetas. Era muy emocionante pensar en ello.
Un día llegó un evento grande, nos contrataron más tiempo del que solíamos proponer. El evento fue en una hacienda en Guadalajara. Fue una boda. Teníamos que presentarnos en cuatro sets de hora, entre los preparativos llevaron banda y mariachi, que tocarían en vivo y nosotros íbamos a estar ahí interactuando con ellos y cumpliendo la labor de voz. Fue un evento de mucho lujo, hubo pantallas gigantes y cuanta cosa, cada invitado recibió regalos caros como relojes y perfumes finos. Hasta a nosotros por ahí nos tocó un reloj antes de iniciar el evento. El padrino de boda era un hombre no muy grande, entrado en sus cuarentas, posiblemente, el smoking le quedaba grande y parecía que nadaba en el, pero más tarde se lo cambió. Hubo mucha alegría y aunque fue cansado hicimos un buen espectáculo, nos acoplamos con los otros músicos, incluso en algún descanso, bromeando le dije a Soto que ya mejor nos dedicáramos a la banda, que qué nos hacíamos, si ahí estaba el futuro, el solo se río. Ya para el final empezamos a tomar, nosotros ya habíamos acabado y había llegado una segunda banda, una ya famosa, era el evento estelar. Nos quedamos ver el show y en la fiesta hasta casi las seis de la mañana. En algún momento fuimos al baño y entró uno de los músicos, estaba bastante borracho y andaba riéndose y diciendo cosas estúpidas sobre la sobrina del padrino, nosotros lo ignoramos, en eso entraron unas personas de seguridad, seguidas del padrino y la sobrina, ella señaló al músico diciendo que había sido él, entonces los de seguridad nos agarraron a los tres, nosotros empezamos a forcejear, el padrino dio orden que se juntaran a todos los músicos, nos llevaron al estacionamiento que era un terreno abierto grande, comenzaba a amanecer, nos arrodillaron y entre varios nos empezaron a patear, nosotros estábamos diciendo que no teníamos nada que ver pero nadie nos escuchaba. En algún momento juntaron a todos los músicos con los que habíamos tocado y nos iban dando rondas de patadas a cada uno sin decir nada, el padrino se acercó al músico que había estado con nosotros en el baño y le dijo: Para que no se ande pasando de verga. Sacó una pistola, la apuntó al músico, de pronto desde la pista de baile empezaron a soltar fuegos artificiales, él le disparo en la frente, luego a otro de los músicos que aún no golpeaban pero estaban mirando, le dijo a sus hombres que se chingaran a un par para que aprendieran, y sus hombres empezaron a dispararle a los demás al azar. Soto y yo nos vimos, la mirada de Soto tenia miedo pero tenia una decisión que solo había visto cuando me contó el plan de Noruega. Se golpeó el pecho y señaló al cielo. Una bala le pego en la costilla, a mi me dieron en un hombro. El sol había salido, los fuegos artificiales se habían acabado. Uno de los hombres dijo que los que se pudieran mover que le corrieran a la chingada o que los iban a limpiar y ni una palabra.
A Soto le costaba respirar pero juntó todas sus fuerzas para levantarse, yo hice lo mismo, el carro en el que habíamos llegado estaba hasta el otro lado del estacionamiento, entre la adrenalina y el miedo intentamos fingir que estábamos enteros, llegando al carro me dijo que manejara y me dio las llaves. Manejé intentando no desmayarme, Soto empezó a respirar con dificultad. Me dijo que le prometiera que iba a llevar los demos. Le dije que no dijera estupideces, que se iba a poner bien, que los íbamos a llevar juntos. Pero sonriendo me vio y me dijo: Mano, yo voy a ir a alcanzar a mi jefe, yo ya no llego, por eso te digo que los lleves tu. Le dije que si. Y poco a poco se empezó a quedar dormido mientras veía como salía el sol. No llegué al hospital. Una ambulancia nos encontró en el acotamiento de la carretera. Me desmayé. No pudieron salvar a Soto. Yo apenas lo logré. Los policías me interrogaron en el hospital, me dijeron que para hacerme el paro iban a colocar que nos habían asaltado en el camino y que lo mejor era mantener esa versión.
Al regreso hicieron el funeral, es algo de lo que no me gusta hablar, a pesar de todo, se sentía un vació enorme, yo no pude ir porque tuve que estar en observación unos días. Fui a visitar a Soto dos veces por semana durante otro año. Hasta que un día en la noche fui y toqué la puerta del cuarto de mi hermana. Le pregunté si me ayudaba con algo. Pero era necesario que no le dijera a nadie. Subí al espacio donde ensayábamos, no había entrado en todo el año, pero encontré la grabadora de Soto, le saqué el cassette y busqué una vieja grabadora con bocinas, le puse unas pilas para ver si funcionaba y me llevé a mi hermana.
Entramos por un espacio abierto de la barda al panteón, mi hermana me ayudó a cavar, por qué accedió a exhumar un cadáver es de la cosas que nunca entenderé pero se lo agradezco, con unos lazos sacamos el cajón y con mucho esfuerzo lo sacamos del panteón, echamos la tierra de regreso procurando que todo quedara lo más parecido a como estaba. Metimos el cajón al carro abatiendo los asientos y llegué a una barranca cerca de las minas que hay a las afueras de la ciudad. En la cajuela traía leña, gasolina, un trapo y un arco de los que venden en los sitios arqueológicos que me habían comprado en alguna excursión de la primaria. La coloqué debajo del cajón y la rocié de combustible. Desde una distancia más lejana rocié de combustible el trapo y lo amarré a la punta de una flecha, le dije a mi hermana que esperaba que funcionara porque si no sería muy patético. Encendí la punta, lancé la flecha y di justo en el blanco, el fuego empezó a avivarse, mi hermana sacó la grabadora del auto y le puso play, una música de acordeón comenzó a sonar, el gran baldío en el que estábamos ayudaba a hacer eco y a amplificar la música. Nos sentamos en la cajuela cerrada a ver como el fuego consumía todo mientras sonaba la música. Creo que Soto se merece el Valhala. Siempre lo he creído. Su cenizas elevándose a la noche estrellada me lo confirmaban. Mientras el fuego se consumía compré un boleto de avión a través de mi celular y terminé de escuchar como la cinta del cassette se enredaba en la grabadora, dejando solo el eco de esas últimas notas de acordeón.
Autor: Said Tapia
2021




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