top of page

Capital (i)limitado

24 nov 2020
5 min de lectura

Los tiempos de estudiante son maravillosos, y deben atesorarse como una época irrepetible en la vida. Si fue usted, amable lector, parte de una clase privilegiada con el acceso a la educación superior, contando además con el sustento económico familiar, su recorrido académico debe haber sido similar al mío: un paseo por el parque. Más allá de las distintas ocupaciones propias del aprendizaje, la vida universitaria (y para algunos desde la preparatoria… e incluso desde la secundaria) gira alrededor de unas cuantas tareas básicas, entre las que se encuentran el sacar copias, beber cerveza quemada en lugares de muy mala reputación y llorar cuando los exámenes finales se acercan. Sin duda alguna son momentos que nunca tendrán comparación con cualquier otra etapa de la vida, más aún porque la mayoría no tuvimos que ganar el dinero para poder seguir adelante en el camino de la vida hasta que no nos enfrentamos al horrible mundo laboral. Y ahí es cuando la cosa cambia drásticamente. Para mal, claro.



Al contrario de lo que la mayoría de personas sin educación universitaria creen, terminar una licenciatura no tiene gran dificultad. Con las condiciones correctas, entre las que un sustento económico estable es crucial, lo demás es bastante sencillo. Al menos en sociales y humanidades, quiero suponer. Pero enfrentarse al mundo laboral en estas mismas áreas es inversamente proporcional en cuanto a facilidad se refiere. Comprendo que hay quienes han podido encontrar excelentes trabajos sin grandes esfuerzos, pero la noción de excepción presupone la existencia de regularidades (la excepción confirma la regla, pues). Y más allá de ello, el entrar al mundo del ganar dinero implica también la entrada al universo del gastar dinero. Y es aquí donde las cosas son todavía peores.



Hasta hace unos meses, apreciable lector, nunca había pensado en la necesidad de adquirir una tarjeta de crédito, hasta que una realidad me golpeó con violencia: no tengo historial crediticio, y eso implica que no existo para el mundo capitalista. Me quedé pensando largamente en lo complicado que esto puede volverse a futuro, al intentar obtener un crédito para un negocio, para una casa o para un estéreo con luces de colores, y lo incomodo que sería que, acercándome al tercer piso de la vida (técnicamente es el cuarto, pero no caigamos en esnobismos por esta vez) los de algún concesionario Chevrolet me negasen un Spark sin aire acondicionado porque nunca me acerqué a Coppel para comprar una licuadora a sobreprecio en 132 pagos semanales. Sudé frio.



La situación se ha complicado un poco más para mí, hombre joven desempleado para el mundo formal. La gran mayoría de los bancos exigen un salario mínimo mensual para otorgarte un plástico endeudador. Te piden tener un empleo y que, de preferencia, no sea uno que te pague menos de $7,500 pesos al mes. Y eso es hablando de las más sencillas. Si por morbo o curiosidad, respetable lector, le interesa saber de cuánto es la anualidad de una tarjeta Amex, aquí le tenemos la respuesta para que no tenga que buscar en otros lados: cerca de $4,000 pesos al año. Un mar de dinero cuando no se percibe dinero, pero sí el hartazgo familiar ante la nula actividad laboral de los últimos dos años. No obstante, me gusta pensar que solamente me jubilé a los 2 años de servicio. La realidad no pesa tanto de esta manera.



Al menos ya poseía una cuenta de banco, un pequeño paso hacia la adultez que di hace unos cuantos años y que allanó un poco el camino en el que me encuentro. No obstante, elegir una cuenta bancaria es también algo terrible cuando lo que quieres es ahorrar unos pocos centavos, pero instituciones como Banamex que invitan amablemente (mediante un contrato firmado con tus datos biométricos, obviamente) a realizar seis compras al mes para no cobrarte manejo de cuenta. Nota interesante: Banamex (y, hasta donde sabemos, todos los bancos) tienen una cuenta de ahorro básica que no exige compras mensuales ni un mínimo de ahorro para evitar el cobro de manejo de cuenta. Está de más de decir que no nos dicen esto porque quieren que les demos nuestro poco dinero y quedárselo.



Del mismo modo, además de lo complicado que es ahorrar, qué difícil es ganar dinero. Su servidor ha intentado varias maneras de obtener dinero sin terminar uniéndome al crimen organizado, y la más efectiva han sido las tareas de freelance. Pero tal vez, estimado lector, se pregunte usted qué es esto del freelance, y la respuesta es sencilla: es trabajar en proyectos cortos para empresas o personas que no se ven obligadas a darle un contrato, un seguro médico, aguinaldo, fondo de ahorro o vales de despensa. Básicamente es como decirle a alguien que va pasando por la calle que si puede ayudarle a mover unos muebles, pagarle $100 pesos y decirle que muchas gracias. Triste, pero adecuado para el mundo horrible en el que vivimos actualmente. Pero no me tome a mal todo esto, no. Considero que es mil veces preferible el tener algo de dinero a no tener un centavo. Inmersos en este sistema económico despiadado, es improbable lograr un cambio sistémico en lo que nos dura la juventud. Entonces que vengan los dineros sin prestaciones y ya veremos si al final del año nos alcanza para pagar el IMSS por fuera. Uno se puede dar lujitos, y dejar de asistir a los consultorios del Dr. Simi.



¿Cuál es la moraleja de todo este circunloquio? Que crecer es horrible, si no se posee un montón de dinero y un montón de tiempo para tratar de hacerse un lugar en este mundo inhóspito. Los bancos nos quieren quitar hasta el último centavo, las tarjetas de crédito son sus herramientas y los empleos precarios su alimento. Somos engranes en una maquinaria gigante cuyas fallas no le impiden seguir adelante, y las cervezas patrocinadas por nuestros padres son recuerdos cada vez más lejanos de un tiempo mejor, en el que no teníamos que preocuparnos por los intereses que genera nuestra Banorte Ke Buena si no pagamos a tiempo los pantalones a los que les pusimos las manos encima en el Buen Fin, so pretexto de una rebaja inexistente. Qué ganas de volver al trueque*, porque esta realidad no nos da ni un respiro.




*En Prometeo Cinema tenemos un sistema de trueque. ¿Necesitas una sesión de fotos y tienes un teléfono móvil que sirve muy bien pero ya no te interesa? Tal vez podemos llegar a un acuerdo. ¿Te vas a casar y al tiempo quieres deshacerte de esa laptop de gama media que ya no usas? Aquí te lo aceptamos a cambio de la fotografía y video de tu fiesta si tu equipo nos es útil. Acércate a nuestras redes, estamos a tu servicio.


Autor: Oscar Castañeda


Fotografía: Frantisek Krejci


 
 
 

Comentarios


© 2023 by EK. Proudly created with Wix.com

  • Instagram - Círculo Blanco
bottom of page